Aunque el cirujano se empeñaba en decirme que no estábamos en Pamplona, sino en el CHOU (¿pero qué nombre es ese?) y que las personas apiladas en camillas por los pasillos no eran turistas magullados y resacosos, yo sabía que había recibido una cornada en el abdomen y que tenía que someterme a una cirugía de urgencia.

El 7 de julio fue la operación. Y no, no fue una cornada, fue apendicitis.

El año que viene los veo por la tele, fijo.

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