A ver cómo empiezo… Pues cronológicamente. En enero mi tío ingresó en el hospital, donde estuvo dos meses (y bastante mal, por cierto) y como consecuencia mi prima y yo tenemos un máster en diálisis peritoneal domiciliaria y media clínica montada en casa. El tío está vivo (y coleando) y dando guerra, lo que es buena señal.

En las mismas fechas, a mi primo (el nieto del tío) le dio por embarazarse, lo cual a su vez ha desencadenado en mi prima (la madre del susodicho y futura abuela) un trastorno obsesivo compulsivo que la arrastra hasta tiendas infantiles y la obliga a comprar incluso cosas que no sabe para qué sirven. Sospechamos que en lugar de atender el huerto está construyendo un zulo donde guarda sus “fechorías”… Y menos mal que el futuro bebé es un niño…

En la aldea contamos con otra casa habitada. Los “regresados” (3 humanos y dos perros) han ganado  y bien merecidamente la jubilación y nos han regalado su presencia. Así que hay un nuevo huerto que entra en la competición anual (ya sabéis, empieza todo con la carrera de la siembra, y cuando una va a comprar, trae para las otras, y luego la vigilancia y mutua observación del crecimiento… y así hasta que todos probamos las cosechas de todos) y lo próximo serán las gallinas.

Hasta hemos tenido dos bodas. Una fue un poco surrealista y a distancia (la de los padres del futuro bebé) y en la otra, uno de los invitados de honor tenía 4 patas, rabo… ¡y pajarita!

También hemos recibido una visita desde la lejana Australia (vía Cuba) con quienes descubrí joyitas de mi tierra (Praia das Catedrales, por ejemplo) y reencontré viejas amistades (¡gracias por la visita, John y Karina!).

La sister sigue en London. Se ha mudado de casa por 4ª vez, la pobre. Pero siempre mejorando, que es lo que importa y que está feliz.

El sobrino/perro, para comérselo. Te quiero, Pluto.

Y todo esto, en medio de esta revolución del sentido común, el sentido más humano. Gracias a todos los que están aportando su granito de arena y mucho ánimo a Manuela, Ada, Xulio, Martiño, Jorge… gracias por devolvernos la auto-estima y por hacernos sentir orgullosos. Mucho ánimo, Grecia.

Y ahora un poco  de cilicio judeocristiano: gracias a todos los que me habéis soportado. No os desaniméis. Estamos trabajando en ello…

Hala.

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