Coño Jordi, anoche me la metiste doblada. Cuando conecté con el programa ya había empezado y mi mente tardó un poco en saber de qué coño estabais hablando. Sí, del 23F, pero OBVIAMENTE no del 23F como lo conocía hasta ayer. Y a medida que mi cabecita trataba de entender algo y no perder ni un segundo del programa, mi boca se iba abriendo más y más, al mismo tiempo que una vocecita diminuta, de vez en cuando, cuando me acordaba de respirar, cuestionaba algunas cosas (como las penas de cárcel de los acusados en el “juicio ¿real?”, ¡lo de Fraga!), pero la velocidad del programa y la locura enrevesada que iban contando Gabilondo, Ónega, Garci (¿Garci? ¿por qué Garci? eso sí era pelín sospechoso…) no daban tiempo a nada.

Ya al final, lo de la cajita del rey… era de carcajada. Y cuando explicaste lo que realmente habíamos visto, de nuevo mi mente parecía una centrifugadora y no sabía si llorar o reír. La verdad es que me enfadé un poco contigo y con todos los que colaboraron en el documental. Y así me dormí.

Esta mañana, al ver la multitud de opiniones en la red y en la prensa, me siento menos sola y comprendo tanto a los que están cabreados con el programa, como a los que te felicitan.

Por una parte, Jordi, me alegro que haya sido un documental falso. Pero por otra, el documental ha reafirmado la poca credibilidad que ya tenía en las explicaciones de tantos hechos que nos dan políticos y medios de comunicación.

Tienes que estar orgulloso como profesional. Has llegado donde nadie se ha atrevido, pero también te has arriesgado y creo que te vas a quedar sin algunos seguidores que se lo han tomado muy a pecho, porque una cosa es que en tus programas expongas a aquellos que nos toman el pelo a diario, pero que “nos tomes el pelo” a nosotros… eso no te lo perdonarán. Y no se dan cuenta que acusándote a ti de divismo lo que están mostrando es el dolor que sienten por no haberse dado cuenta de que era un documental falso y que cayeron en la trampa.

Pues eso, yo te seguiré viendo, pero coño, Jordi, afloja…

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