Como soy muy vaga, y después de leer este artículo, corto y pego lo que yo también firmo, que es más fácil…

Estas son las típicas preguntas y afirmaciones que se producen cuando digo que yo (ya) no voto (pelín adaptado el párrafo):

– ¿Cómo que no votas? ¿No sabes que si no votas unes tu voto a la mayoría? ¿No sabes que es un derecho conquistado con el esfuerzo de muchas personas? ¿Prefieres una dictadura? ¿No sabes que para cambiar la situación debe movilizarse el electorado? ¿No sabes que eso muestra la irresponsabilidad y pasotismo de un ciudadano poco comprometido e insolidario?… 

Y aquí los motivos, que suscribo totalmente:

 1)¿Será por la corrupción de los políticos?

Probablemente el motivo más evidente es la podredumbre manifiesta e indisimulada de la “casta política”. El mangoneo no entiende de fronteras ni de color político. Todos demuestran a rajatabla la máxima que “el poder corrompe”, aunque la mayoría ya venían corruptos de casa. 

Pero no sólo debemos hablar de la corrupción literal de los que roban dinero público y que, por supuesto, nunca pasan por la cárcel (que para eso ellos son los que hacen las leyes), sino de la propia estafa del aparataje político que dota de generosos sueldos y beneficios de todo tipo a los 8.112 alcaldes, 65.896 concejales, 1.206 parlamentarios autonómicos, 1.031 diputados provinciales, 650 diputados y senadores, 139 responsables de Cabildos y Consejos insulares y 13 consejeros del Valle de Arán que tenemos en el Estado español. Aquí no se contabilizan el séquito de consejeros y asesores que todo cargo político que se precie posee para, sobre todo, mantener su privilegiado estatus, ya que, como muestran las evidencias, los políticos, en ningún caso, tienen interés en la mejora de los ciudadanos.

Una vez que un político entra en la casta, hará todo lo posible por mantener sus privilegios y formar parte de la oligarquía política, convertido en feliz y complaciente títere con su parcelita de poder asegurada. Eso sí, debe cumplir un estricto requisito que nada tiene que ver con poseer un título académico, pasar por unas oposiciones o demostrar sus capacidades de gestión, el único requisito es tener la suficiente bajeza moral que te permita, por ejemplo, cantar la Internacional mientras cobras 20.000 euros al mes o poder conciliar el sueño sabiendo que eres cómplice de asesinato en múltiples guerras.

¿Será porque votar no ha cambiado ni cambiará nada?

Uno de los argumentos más reiterados por los “defensores de la democracia” es que si no votas por uno u otro, no se cambiará nada y que al no votar se está favoreciendo el continuismo político y los que salen beneficiados son los grandes partidos mayoritarios. Estas son consignas típicas que se han difundido de forma interesada pero sin más argumentos que la rumorología y sin más fundamento que el hacer verdad una mentira mil veces repetida.

Si no votas, no votas y tu voto no va ni a la mayoría ni a la minoría. Simplemente, no se te tiene en cuenta y punto y precisamente esto está hecho así para blindar posibles protestas que mediante la abstención los ciudadanos puedan acometer contra el sistema.  La alta abstención puede favorecer la pluralidad, aunque en ningún caso esa sea la intención de los abstencionistas.

Existe otra postura más pragmática que es la del “voto útil”, cuyo fundamento es votar al menos malo con la lógica de que si no votamos, la malvada derecha neoliberal vendrá a quitarnos derechos y a privatizar todo lo público.

¿Será porque el problema está en el propio sistema?

Pero seamos sinceros, no podemos dejar caer toda la culpa en los sufridos políticos, en cierta manera, no son más que oportunistas,  intentando aprovecharse de los huecos que el capitalismo y el verdadero poder, el económico, les deja.

El problema es que, independiente del partido que llegue al poder y por mucho programa revolucionario que se tenga en el papel, los poderes fácticos, las grandes empresas, los bancos, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Club Bilderberg son los que se encargarán de gobernar realmente y a ellos no se les puede votar ni dejar de votar.

A ver si vamos desechando la incorrecta utilización de la palabra “democracia”, para comenzar a utilizar otra terminología más acertada: “plutocracia parlamentaria” es decir, el poder real reside en quienes tienen las fuentes de riqueza y la función del parlamento es hacer oficial sus decisiones, además de tomar otras medidas de carácter menor o anecdótico.

¿Será porque la democracia o es directa o no es?

Para hablar de democracia, hay que hablar de poder del pueblo, no de una parte del pueblo (oligarquía), sino de todo el pueblo.

La denominada democracia parlamentaria sólo busca la creación de burocracias que retroalimenten el propio sistema, aún siendo totalmente ajenas a las personas y sus problemas. No basta con cambiar la propia ley electoral o el sistema D’Hont, lo ideal sería buscar otros ejes de desarrollo social, mediante el apoyo mutuo, el reparto del poder y la capacidad de decisión directa sobre todo aquello que nos afecta. Ya está bien de que otros elijan por nosotros, ya está bien de legitimar que otros, que ni tan si quiera conozco, tengan la función de gobernarme y de imponerme su discutible moralidad sin que no exista más opción que elegir entre la rata negra y la rata marrón.

Ciertamente, el derecho al voto pudo considerarse un importante avance en su momento, al igual que la máquina a vapor también lo fue en el campo industrial y de los transportes y por ello nadie reivindicó que se debiera seguir utilizando de forma indefinida sin mejorar y avanzar en otras formas de producción y transporte.

Por cierto, a quienes se jactan de la perfección y universalidad de nuestro sufragio, me gustaría recordarles que todavía hoy existe un importante colectivo de miles de personas con discapacidad intelectual que en nuestro país tienen vetado el derecho al voto.

¿Será porque mi libertad no cabe en un voto?

En cierta ocasión, Marcuse afirmó que “La libre elección de amos no suprime ni a los amos ni a los esclavos”. Aquí la cuestión no es que podamos elegir quién nos oprime, sino la propia opresión.

Esta democracia no existe, es una quimera, y quien crea que estas palabras defienden una dictadura, les recuerdo una cita de Durruti que sentenciaba que “Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de sus manos, alzan el fascismo para mantener sus privilegios”, así pues, que tenga cuidado con “su democracia” no vaya a ser que algún día le dé alguna desagradable sorpresa. 

Por lo que a mí respecta, me he vuelto a convencer. Estas elecciones, abstención activa.

Gracias, Koopiloto G.R. por dar voz a mis sentimientos.

Aquí el enlace:

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/17682

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