A matar se ha dicho. A diestro y siniestro. Inocentes seres rosaditos con sacacorchos por rabos (bueno, parece ser que ahora se los cortan porque… ¡se los comen unos a otros!) son pasados a cuchillo y descuartizados para nutrir familias y allegados todo el año con los productos que se sacan del pobre cochino, guarro, cerdo, gorrino, puerco o como se llame.

El producto estrella, por supuesto, es el chorizo. Cuidados de principio a fin por las manos de las mujeres (picando la carne, removiendo la zorza, pasándola por la máquina, embutiendo las tripas, “atando y tasando”), ellas miman, acarician, moldean con cariño a estos dioses de la charcutería casera que no tienen rival.

IMG_2116IMG_2115IMG_2106IMG_2107IMG_2113IMG_2112IMG_2108IMG_2111IMG_2109IMG_2118IMG_2117IMG_2120IMG_2121

Anuncios