Fin de semana en el mar. Me hacía falta. Verlo, olerlo, oírlo. Después de 16 años viviendo a su lado, lo extrañaba.

Tengo unos amigos que tienen un preciosisísimo ático en el pueblo de Aguiño, con unas vistas fantásticas (eso dicen, jeje… la niebla ocultó la belleza de la línea del horizonte y no nos dejó ver la magnífica vista con las islas de Sálvora, Ons y Cíes, pero lo que vimos fue suficiente… para volver un día despejado.

Por un problemilla en (o con) la tienda de fotos, llevé la cámara sin batería y las fotos las hice con la cámara de mi amigo, así que la próxima semana cambiaré las que pongo aquí (que cogí de la red) por las mías.

Ribeira, Corrubedo… qué cosa más grande. Para que luego digan que en Galicia todo es verde, jeje… ¡si parece el desierto! (sí, ya sé que exagero, vaaaaaaaaale).

El próximo viaje (ese que vamos a encargar el cielo despejado), se merece una visita arqueológica. La zona está llena de petroglifos, mámoas y castros.

Lo mejor de la visita, sin duda alguna, fueron nuestros anfitriones. Nos agasajaron como a dos reinas (fui con Isabel, my good friend), las comidas, cenas y desayuno, manjares de dioses: almejas, navajas, buey, salpicón, caldeirada… ¡ñam ñam!

Aquí unas fotos de la red:

Puerto fenicio de Aguiño…

Esta vista es muy similar a una parte de la vista que tienen mis amigos desde su ático.

Y aquí, la gran duna móvil de Corrubedo, la más grande del norte de la península…

Volveré. Fijo.

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