Primero le eché el ojo a un hermanito suyo. Pero era arisco y se fue. Parece que éste me escogió a mí. Creo que se quedará. Se llama Félix. Os lo presento.

Es guapo, y parece que le gusté.

… y claro, inmediatamente apareció una camita…

 

y leche y pienso y claro, ¡cómo no se va a quedar! Bienvenido a casa, Félix.

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