Mi queridísima amiga Ubaldina está en el hospital. Le dio un derrame cerebral. Estamos todos preocupados, porque tiene 91 años, pero esperamos que salga bien, o relativamente bien, para poder seguir escuchando sus sabios consejos, refranes y, sobre todo, las coplas que se sabe de memoria. Son varias, y largas. Pongo una aquí, que debe ser del siglo “catapún”, como homenaje a esta gran mujer que todavía guarda coplas y leyendas de sabe Dios cuándo.

En el valla de Almena

se celebra una función

en una ermita que llaman

La Esperanza de Dios,

el día quince de abril.

Con muy grande devoción

el señor Fernández Sánchez

con la esposa de su amor,

llevando a niña Gertrudis

y a su niño Ramón.

La niña tiene tres años

y es más hermosa que el sol.

A la salida de misa,

después de la procesión,

Ramón como mayorcito,

de la niña se encargó

Y a las cuatro de la tarde,

sin saber por qué razón,

y en el medio de la gente

Empezó a correr la gente,

Huyendo sin detención.

Llega Ramón a la casa.

Su padre le preguntó,

¿dónde has dejado a la niña?

La niña se me perdió,

cuando la gente corrió.

Se postraron de rodillas

ante la madre de Dios,

que les depare su hija,

que hoy mismo se les perdió.

Trascurrieron doce años,

sufrió la quinta Ramón,

donde cayó por soldado,

sin tener más redención.

Un día sale Ramón

a recorrer la montaña

y un indio se le presenta,

“Dime valiente español,

¿me quieres comprar una blanca?”

“¿Dónde la tienes, buen indio?”

“Recogida en mi cabaña,

pero siempre que la compres,

que la trates como hermana”.

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