Ya casi hace cuatro meses que me instalé y el balance, hasta ahora, es muy positivo. Estoy contenta de haber dado el paso. Aunque la gran mayoría de las cajas todavía están embaladas y estar viviendo en dos casas es un poco estresante (por la semana en la aldea, el fin de semana en “la city”), este caos no me supera (todavía).

Llegan los calores y no encuentro mucha diferencia del tipo de calor de aquí y de allá. Se suda igual y lo mismo. Pero… ¡ah! La gran diferencia es la noche. El fresquito que llega por la noche y te deja dormir, incitando a echarte encima algo por los brazos, que se enfrían enseguida. Bendito fresquito nocturno. Lo que darían muchos del centro para abajo por tener esto.

¡Ah! Hemos hecho un “corralito” provisional para “las niñas” hasta que vayan a su destino final. Aquí la prueba gráfica:

Este fin de semana se irán a su casa… y podré retomar mi rutina. Aunque no me quejo. Fue un placer criar estas preciosidades. Saben que soy su mamá, me huelen, me rechupetean y me quieren, ¿qué más se puede pedir? Eso sí que es amor incondicional. Y corto ya que me pongo tontita…

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