…y los cielos se apiadaron de la tierra y decidieron abrirse y bendecir los campos para que esta esquina oeste no dejara de ser verde. Amén.

Las huertas, recién sembradas, lo agradecen.

Y las lechugas se ponen así de guapas:

Están para comérselas.

Y mientras se acicalan para estar a punto para la ensaladera, me acompaña un pequeño gran hombre, francés y pianista, que me presentó mi querido amigo Marcelo: Michel Petrucciani. Que lo disfrutéis.

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