Ayer por la tarde acompañé a mi tío a Xurenzás. El motivo: aliviar el celo de la perra Chita (que no la mona de Tarzán). Vamos, que la llevamos a ver a un novio, en otra parroquia… “manda carallo na Habana”.

Fuimos a casa de su sobrino, que tiene como 8 perros de caza (por encima, la perrita podía escoger.. mira que tienen suerte algunas… perritas…)

¿Queréis ver algo de Xurenzás? Ahí va:

A los de Mallorca, aquí también hay palmeras:

Y mira tú por dónde, en esta última foto aparece, detrás de la casa, la propiedad de un viejo amigo de infancia y juventud, al que no había visto desde, al menos, 15 o 20 años. Qué alegría el reencuentro. Pero sobre todo me dio alegría comprobar que, pese a los años, los kilos (en mi caso) y la alopecia (en el suyo, lo siento, R., pero las cosas como son), la química sigue funcionando y parece que el tiempo no ha pasado.

Nos pusimos al día en poco tiempo y es curioso cómo los dos, de la misma edad y después de dar tumbos por otros lares, decidimos tocar tierra y disfrutar de lo que realmente importa para el alma: las pequeñas cosas, que son grandes. Él se compró un tractor de segunda mano y anda todo contento limpiando su terreno. Me hablaba de la vida en la aldea con una gran sonrisa en los labios, feliz de la decisión, desconectado (literalmente, ni tv ni internet) del otro mundo. No hizo falta facebook ni twitter para encontrarnos. Y ya estamos en contacto. Nos seguiremos viendo. R., fue un placer verte de nuevo.

Después de dejar la perrita en manos del celestino canino (??), fuimos a otra aldea, A Pedriña, en Irixo. Aquí un par de fotos:

Y la vuelta a casa, por Irixo. Un bonito puente mereció la foto:

Mañana más.

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