Este hórreo (o canastro) es de mi mamá… un día lo heredaré (sí, Sheila, es tuyo también…). Otro día le hago la foto dentro para que los “no gallegos” sepáis qué se guarda en ellos.

Y estas “señoritas” (así las llama mi prima) de aquí abajo, son las que nos regalan los huevos. Parecen teñidos de azafrán. Ya había olvidado el color auténtico de los huevos… (otro día pongo la foto de los huevos “puestos”).

Hay que regar… menuda sequía. Las berzas están chuchurrías…

Aún así, la primavera explota antes de tiempo, con “cosas” como estas:

A los pajaritos todavía no los he podido fotografiar (soy una nulidad con la cámara) pero tarde o temprano los pillaré.

Trato de adaptarme a esta nueva vida. Ya me levanto cada día un poco más tarde (el primer día, eran las siete y media) y con mi taza de café y mi cigarro, saludo al sol y doy gracias por poder estar en la misma tierra donde nací, con tan buena calidad de vida.

Ayer vino la pescadera (viene dos veces a la semana en una furgoneta), el panadero viene todos los días, el de los congelados una vez por semana, y el “agricultor” (así le llaman), también una vez por semana. Esto es vida.

Mi tío quedó satisfecho con la primera comida que hice ayer, aunque confundí el pimiento dulce con el picante al hacer la “allada” para las verduras. El primer bocado fue una sorpresa, pero luego, según él, hasta le dio sabor. Iré aprendiendo…

Después de la siesta, vienen “las chicas de platino” a sentarse a los bancos que puso la Diputación. Son mis compañeras de tertulia. Entre las 4 sumamos unos cientos de años. Hablamos de lo cotidiano y de lo divino. Siempre se aprende.

Estoy feliz, ¿se nota?

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